Op-ed · Prodavinci Venezuela

Venezuela seis años después

Parafraseando al personaje de Tancredi Falconeri en El Gatopardo de Lampedusa, han ocurrido algunos cambios que eran necesarios para que todo siga igual.

Volví a Venezuela después de seis años que se me han hecho muy largos. Vine consciente e interesado por entender mejor lo que está sucediendo, parafraseando al personaje de Tancredi Falconeri en El Gatopardo de Lampedusa: han ocurrido algunos cambios que eran necesarios para que todo siga igual.

Caracas se me asemeja a uno de esos antiguos relojes a los que no les han dado cuerda durante mucho tiempo. La ciudad está ahí — sus calles, sus edificios, sus avenidas reconocibles — pero el tiempo se ha vuelto otro. Las cosas funcionan en una temporalidad alternativa, donde una hora puede ser tres y tres pueden ser ninguna.

Qué cambió

La inflación bajó. El sistema bancario se dolarizó de facto. Los servicios públicos están — aunque inconsistentes. La diáspora masiva ha dejado un vacío demográfico que aún no termina de procesarse. En ese sentido sí cambiaron cosas: lo que la población consume, lo que el Estado deja de proveer, lo que ya nadie espera del gobierno.

“Caracas se me asemeja a uno de esos antiguos relojes a los que no les han dado cuerda durante mucho tiempo.”

— MAS · de este mismo ensayo

Qué permanece

El sistema político — su arquitectura — sigue ahí. El control sobre las instituciones, sobre los recursos del Estado, sobre los medios. La capacidad del régimen de absorber, deformar y procesar la oposición. La incapacidad de la oposición de construir una alternativa que el régimen no pueda absorber, deformar o procesar. Eso permanece.

Y permanece también algo más profundo: la convicción colectiva de que el cambio vendrá desde fuera. Que vendrá del precio del petróleo, de una elección estadounidense, de una crisis internacional, de una sanción más o de una menos. La parálisis política venezolana se sostiene en una creencia exógena sobre el cambio.

Lo que viene

No sé lo que viene. Nadie lo sabe — ni los que tienen la información, ni los que tienen el poder, ni los que tienen la teoría. Lo que sí sé es que el reloj no se va a dar cuerda solo. Y que la pregunta sobre Venezuela ya no es “cuándo termina esto”, sino “qué se construye después”.

Miguel Angel Santos

Economista venezolano · Dean de la EGAP en el Tec de Monterrey · Adjunct Lecturer en Harvard Kennedy School · escribe sobre Venezuela, sanciones y complejidad económica.

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